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Actualizado el sábado 2/ABR/11

Revelaciones a Sor María Natalia Magdolna

ENSEÑANZAS DE JESÚS A SOR NATALIA 

2. LA PERFECCIÓN DE LAS VIRTUDES 

Jesús dijo: “No debes pensar que Yo hago una excepción contigo. No. Yo derramo mi gracia abundantemente en todas las almas. Su única tarea es reconocerla”.

Jesús en su infinita bondad muchas veces tocó mi alma con la ternura de una madre que se inclina sobre sus hijos. En estas ocasiones trato de esconderme al reconocer mi mezquindad y quisiera convertirme en nada. Y cuando trato de esconderme en mi miseria, Jesús se me acerca y me trata aún más tiernamente. Él me subyuga y me instruye con amor sobre las cosas divinas. Algunas veces Él quiere que yo escriba lo que oigo y que lo comparta con los demás. Esto es lo que estoy haciendo ahora. Me es doloroso por mi miseria y obedezco aunque muy imperfectamente”.

En el otoño de 1942, al estar en mi corazón, el Señor me enseñó lo siguiente: “Hay tres cosas necesarias en las que Yo puedo construir mi trono en un alma en breve tiempo. Esas tres cosas son las siguientes: el cristal, un par de alas y una partícula de polvo. Me gustaría que mis sacerdotes, especialmente los que dirigen almas, hablaran con frecuencia de estas tres cosas”. 

El cristal 

–El cristal –dijo Jesús- simboliza no solamente la limpieza del cuerpo, sino también la limpieza del corazón y del alma. El alma debe estar limpia no sólo de pecados mortales, sino también de los veniales. Es más, el alma debe estar limpia de malas intenciones y de negligencias. La infidelidad, aun en las cosas de poca importancia, también mancha el alma. Para alcanzar esta limpieza son necesarias cuatro cosas:

1. Negar al cuerpo todo lo que sea un placer desordenado.

2. Limpiar el corazón del apego a aquellas cosas que no se originan en el amor de lo sobrenatural.

3. Alejarte de toda cosa que te conduzca a hacer el mal.

4. Alejar de tus pensamientos lo que es terrenal, todas las preocupaciones del pasado, presente y futuro, porque todo esto empaña el alma y Me impide unirme a ella. 

Un par de alas 

–Estas simbolizan la libertad del alma. El alma debe estar libre del cuerpo, del amor de las creaturas, del mundo y al mismo tiempo estar llena de cosas santas. El alma debe estar libre hasta del deseo de guiarse a sí misma, porque Yo puedo elevar solamente a un alma verdaderamente libre. 

La partícula de polvo 

–El polvo simboliza la humildad. Es necesario que el alma reconozca quién es sin Mí. Por eso es necesario que se humille en mi presencia y ante los demás. No puedes permitirte el pensamiento de que eres “alguien”, porque en el momento en que esto entra en tu mente, te distancias de Mí y pierdes mi gracia. Si un alma sinceramente reconoce su miseria y se golpea el pecho implorando perdón, si se regocija en el hecho de que no es nada en verdad y no vale nada, y si este pensamiento no le causa dolor es porque está muy cerca de Mí.

–Esta alma no se sentirá herida si Yo le llamo la atención por sus faltas porque ella sabe que la santidad no consiste en no caer sino en la voluntad de levantarse otra vez. En el pleno conocimiento de su pequeñez, dicha alma confiará completamente en Mí, y vendrá a Mí con confianza y amor, no sólo para recibir mis regalos, sino también para hacer reparación por sus faltas y consolarme. En su humildad, dicha alma siente que es digna de la condenación y no de la gracia. Por eso, sin darse cuenta, esta alma está haciendo una escalera de oro con la cual escalar, desde su profundidad, las alturas celestiales. Al mismo tiempo, esta alma Me obliga a bajar hacia ella y a poner mi trono en su corazón.

Mientras el Señor me hablaba de estas cosas y en particular de la libertad del alma, vi a una cierta alma que no era capaz de alcanzar su libertad porque estaba llena de admiración por sus habilidades, su cuerpo, su belleza y se complacía en esta vanidad. Esta alma se tranquilizaba con el pensamiento de que esto no era una falta porque veía y reconocía las mismas cualidades en otros también. Estos pensamientos no le gustan a Dios, y son peligrosos porque dejan la conciencia en una falsa paz. Vi que esa alma estaba encadenada y vi también que el Divino Salvador no conseguía entrar en esa alma con su belleza y gracia.

En verdad un alma recibe las gracias divinas sólo si está completamente libre. Vi obstáculos también en otras almas que impedían la entrada total de la Luz divina. Esas almas irradiaban solo a su alrededor, pero dentro sólo había oscuridad. En cambio, aquellas almas que no impedían la entrada de la Luz divina irradiaban desde adentro. La Luz divina las penetraba hasta su más profundo ser y las santificaba. Solamente en estas almas el Señor se complacía y encontraba en ellas gloria, belleza y santidad. ¡En ellas Él era todo! 

El valor de un alma humilde 

En una ocasión el Salvador me hizo ver a una superiora muy humilde, y me dijo:

–Hay entre mis esposas algunas muy ciegas que no se dan cuenta lo que Yo Me bajo hacia ellas a través de sus superioras. Son tan frías que no se dan cuenta de lo que Yo derramo en sus almas a través de sus superioras. Hija mía, mis palabras son verdad: el alma humilde tiene un valor tan grande ante Mí que, si Yo no hubiera creado al hombre, lo crearía sólo por un alma así. Si Satanás pudiera recibir la gracia, es decir, si Yo le permitiera vivir por un momento junto a dicha alma humilde, esto lo afectaría tanto, que junto con sus legiones de ángeles caídos, vendrían a Mí más rápido que un alma fría y endurecida y me pediría perdón. Oh esposas mías, ¡ustedes están caminando en la luz de mis gracias y todavía siguen ciegas! ¡Ustedes viven junto al fuego y todavía siguen frías! Pero Yo te digo que vendrá el tiempo en que se calentarán al lado de sus excelentes superioras y sus ojos se abrirán.

Mientras Jesús hablaba así, yo pude ver la humildad de cierta persona y se me permitió escribir lo siguiente. Vi un profundísimo valle del cual salían enormes llamas, y oí una voz que dijo: “Las más grandes llamas salen del más profundo valle”, y entendí que el valle es la humildad y la llama, el amor de Dios.

Jesús me enseñó a nunca sentirme ofendida. Eso era algo que yo tenía que aprender bien, y Él me resumió en tres puntos lo que debo hacer cuando me ofenden:

1. Cuando tú estás herida, en seguida reflexiona que Yo ya lo sabía de antemano y lo permití.

2. Por favor, acéptalo y perdónalo, aunque en este caso no tenga la razón, porque tú debes humillarte por otros pecados secretos.

3. Si es posible no cuentes a nadie lo que te pasó. 

Jesús escondido en el superior 

El Salvador añadió:

–Oh, si mis esposas adivinaran qué tan triste está mi alma, cuando Yo les ofrezco mis gracias a través de sus superioras y ellas en cambio la rechazan con sus murmuraciones y críticas. A través de sus superioras Yo les ofrezco no sólo mis tesoros, sino también a Mí mismo. Pero ellas me rechazan porque quiero enseñarles mi camino y no sus caprichos. Si no aceptan estar Conmigo a través de sus superioras, entonces Yo no puedo mirarlas como mis esposas, sino solamente como unas sirvientas cualquiera. El título de esposas es solamente para aquellas que viven en concordia y sacrifican sus vidas por la comunidad. Si las almas consagradas al servicio de Dios quieren ser reconocidas como esposas, entonces no deben vivir según sus caprichos sino conforme a mi voluntad. Ellas deben recibir con alegría lo que Yo les envíe, ya sea a través de sus superiores o de las circunstancias. 

Discernimiento 

En otra ocasión el Señor me instruyó:

–No les está permitido distinguir entre los superiores. Ellos son designados de acuerdo con el reglamento. Tan pronto uno es superior, éste me representa a Mí. Es una falta grave no mirarlo así. Ellos son responsables, y serán llamados a rendir cuentas, por las almas que les han sido confiadas. Aquellos que los desprecian y los desobedecen son culpables de una grave falta porque me desprecian a Mí. Me gustaría escribir en sus almas con mi propia Sangre: “Yo estoy en ellas solamente cuando ellas están unidas con sus superiores, y sólo en la medida en que me reconozcan en sus superiores”. El alma que me reconozca en sus superiores encontrará que su amor se une con el mío, como una gota de agua se une al océano, ni buscará sus intereses sino los míos. 

Unas palabras del Señor a los superiores 

–Los superiores deberían esforzarse por el perfeccionamiento de sus hermanos así como por el propio. Si ellos ven una piedra en el camino, es su deber apartarla y preocuparse que estas piedras no se amontonen allí para que no creen un muro de separación entre Mí y mis consagrados. Los superiores deben estar alerta y prevenir los males que puedan causar la pérdida de una vocación.

El Señor me mostró las faltas de los religiosos: la pérdida del amor de uno hacia el otro, las antipatías, la falta de paciencia, la hipocresía, etcétera. Estas son las piedras que los superiores deben tratar de quitar. 

La pobreza 

Alguien me preguntó acerca de las enseñanzas del evangelio sobre la pobreza. Jesús me respondió:

–La persona que piensa que es pobre porque solamente tiene un cuartito, está equivocada. Lo que importa es que el alma no esté apegada a los bienes de este mundo, ya sean personas o cosas. Si tú Me colocas antes que todas las cosas, entonces puedes vivir en un palacio dorado, y eres pobre. Si tú posees algo, da gracias a Dios, y si lo pierdes, da igual gracias a Dios. Si alguien necesita algo que tú tienes, dile: “Aquí está, es tuyo”. La esencia de la pobreza es que las cosas del mundo no absorban tu alma, que tú puedas correr libremente hacia el Señor. Ser feliz si tú tienes, pero también estar listo, a la hora que sea, a devolvérselo al Señor, pues son sus regalos.

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