
NUEVA:
Secundar el plan
de Dios.
Todo el pueblo
que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios,
recibiendo el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al
no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos. (Lc
7,29-30)
Dios tiene preparado un lugar en el Cielo
para cada uno de nosotros. Dios tiene un plan y nosotros debemos secundar ese
plan para alcanzar la Gloria. Este plan lo descubrimos en la oración y también
en la oración recibimos fuerzas y gracias para llevarlo a cabo, pues Dios tiene
preparadas muchas gracias para nosotros pero Él nos las dará con la condición de
que se las pidamos en la oración.
En este pasaje evangélico vemos cómo los
fariseos y doctores de la Ley frustraron los planes de Dios sobre ellos. Es
decir, se condenaron, pues al no secundar el plan de Dios, cayeron en la Muerte.
Por eso ¡qué importante es que recemos, y
que recemos mucho! pues Dios que todo lo sabe, desde toda la eternidad nos ha
preparado gracias para ayudarnos a alcanzar el lugar que nos tiene preparado en
el Cielo; pero esas gracias nos las concederá siempre y cuando recemos. De lo
contrario, esas gracias no las recibiremos y no se realizarán los planes de Dios
para nosotros.
¿Qué debemos hacer entonces? Orar, orar y
una vez más orar, especialmente con la oración del Santo Rosario, ya que así
conoceremos la Voluntad de Dios para nosotros y tendremos fuerzas y ánimo para
llevar adelante nuestra santificación.
Obrar por amor
a Dios.
Hay algo
fundamental que debemos tener en claro para ser buenos católicos y llegar a ser
santos, y es el obrar por amor a Dios.
Todo lo que
hacemos cada día debe ser hecho por amor a Dios, y especialmente aquellas cosas
que más nos cuestan. Por ejemplo: tengo que tender una cama, pienso que en ella
dormirá Jesús, y lo hago por amor a Él; tengo por delante un día de trabajo
complicado, lo realizo por amor a Dios diciéndole, por ejemplo: “Señor, este día
de trabajo me va a costar mucho sobrellevarlo. Te pido ayuda para que lo pueda
hacer todo bien y te lo ofrezco con amor y como reparación por mis pecados y los
de todo el mundo”.
En cada acción
decir: “Señor, es por tu amor”; “Señor, porque te amo hago esto o aquello”, y
cumplir así nuestro deber de todos los días. Por ejemplo: estoy sentado
cómodamente y me mandan a hacer algún mandado, al punto me levanto y obedezco
por amor a Dios; y así en todas las demás acciones del día. Si hacemos esto
estaremos cumpliendo el primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas
y, por ser serviciales y prontos a hacer favores a nuestro prójimo, estaremos
también cumpliendo el mandamiento del amor al prójimo como a nosotros mismos.
Pero, además, estaremos siguiendo el consejo que nos da el Señor en el Evangelio
cuando dice que el que quiera seguirlo que renuncie a sí mismo, que cargue con
su cruz cada día y le siga. Nosotros con este modo de obrar estaremos
renunciando a nosotros mismos como Jesús nos lo pide. Y veremos que durante el
día tenemos muchísimas ocasiones para amar a Dios.
Pero también
sabemos que nadie puede amar lo que no conoce. Por eso debemos conocer cada vez
mejor a Dios a través de la lectura de la Palabra de Dios, en especial del
Evangelio, a través de la oración en especial frente al Sagrario, y también
leyendo libros piadosos de Santos o de personas inspiradas por el Espíritu
Santo, y que la Iglesia reconoce como tales. Así conoceremos más a Dios y lo
amaremos cada día más.
Jesús, María, os
amo, salvad las almas.
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