
La
presencia de Jesús en el corazón:
“Confieso
que para mí es una gran desgracia no saber expresar y explicar este volcán
eternamente encendido que me quema y que Jesús hizo nacer en este corazón tan
pequeño”.
¡Bendigo a
Dios, que por su gracia, otorga santos sentimientos!
Todo lo
podría resumir así: me siento devorado por el amor a Dios y el amor por el
prójimo. Dios está siempre presente en mi mente, y lo llevo impreso en mi
corazón. Nunca lo pierdo de vista: me toca admirar su belleza, sus sonrisas y
sus emociones, su misericordia, su venganza o más bien el rigor de su justicia
...¿Cómo es
posible ver a Dios entristecerse por el mal y no entristecerse también uno?
Si Jesús se
manifiesta a vosotros, dadle gracias; si se os oculta, dadle gracias. Todo esto
es un juego de amor para traernos dulcemente hacia el Padre. Perseverad hasta la
muerte, hasta la muerte con Cristo en la Cruz.
Amor:
Las cosas
humanas necesitan ser conocidas para ser amadas; las divinas necesitan ser
amadas para ser conocidas.
No lo
olvidéis: el eje de la perfección es el amor. Quien está centrado en el amor,
vive en Dios, porque Dios es Amor, como lo dice el Apóstol.
El amor y
el temor deben estar unidos: el temor sin amor se vuelve cobardía; el amor sin
temor, se transforma en presunción. Entonces uno pierde el rumbo.
La divina
Solicitud no solo no rechaza a las almas arrepentidas, sino que sale en busca de
la más empedernida.
Confianza en Dios:
El corazón
de nuestro divino Maestro no conoce más que la ley del amor, la dulzura y la
humildad. Poned vuestra confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros
de que la tierra y el cielo fallarán antes que la protección de vuestro
Salvador.
Caminad
sencillamente por la senda del Señor, no os torturéis el espíritu. Debéis
detestar vuestros pecados, pero con una serena seguridad, no con una punzante
inquietud.
Santa
Misa:
“Sería más
fácil que la tierra se rigiera sin el sol, que sin la santa Misa”.
María
Santísima:
Si no
hubiera Fe los hombres te llamarían diosa. Tus ojos resplandecen más que el sol,
eres hermosa, Madre, me glorío, ¡Te quiero!
Oye, Madre,
yo te quiero más que a todas las criaturas de la tierra y del cielo;... después
de Jesús, es claro; te quiero tanto.
Ruega por
nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Seamos
inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!
Permaneced
como la Virgen, al pie de la Cruz, y seréis consolados. Ni siquiera allí María
se sentía abandonada. Por el contrario, su Hijo la amó aun más por sus
sufrimientos.
Oración:
“Solo
quiero ser un fraile que reza...
Reza,
espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y
escuchará tu oración...
La oración
es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a
Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas
ocasiones debes hablarle solo con el corazón...”
El don de
la oración está en manos del Salvador. Cuanto más te vacíes de ti mismo, es
decir, de tu amor propio y de toda atadura carnal, entrando en la santa
humildad, más lo comunicará Dios a tu corazón.
A Dios se
le busca en los libros, se le encuentra en la meditación.
En la
medida en que vaciéis vuestro Yo de sí mismo - es decir, del apego a los
sentidos y a vuestra propia voluntad - , echando raíces en la santa humildad, el
Señor hablará a vuestro corazón.
Practicad
con perseverancia la meditación a pequeños pasos, hasta que tengáis piernas
fuertes, o más bien alas. Tal como el huevo puesto en la colmena se transforma,
a su debido tiempo, en una abeja, industriosa obrera de la miel.
Sed
vigilantes cuando meditéis. Generalmente los que se entregan a la meditación, lo
hacen con una especie de arrogancia, tan ansiosos están por encontrar el sujeto
susceptible de consolar su espíritu, y esto es suficiente para impedirles
encontrar lo que buscan.
Liberarse
de la ansiedad:
Si vuestro
espíritu no se concentra, vuestro corazón esta vacío de amor. Cuando se busca
sea lo que sea con avidez y prisa, puede uno tocar cientos de veces el objeto
sin ni siquiera darse cuenta. La ansiedad vana e inútil os fatigará
espiritualmente, y vuestro espíritu no podrá dominar su sujeto. Hay que
liberarse de toda ansiedad, porque ella es la peor enemiga de la devoción
sincera y auténtica. Y esto principalmente cuando se ora. Recordad que la gracia
y el gusto de la oración no proviene de la tierra sino del cielo y que es en
vano utilizar una fuerza que solo podría perjudicaros.
Crecimiento:
Para
crecer, necesitamos del pan básico: la cruz, la humillación, las pruebas y las
negaciones.
Crítica:
No tolero
la crítica y la habladuría sobre los hermanos. Es cierto que a veces me divierte
aguijonearlos, pero la murmuración me da náuseas. Tenemos tantos defectos que
criticarnos a nosotros mismos ¿Por qué perder tiempo en lo de los hermanos?
Enemigos:
Jamás pasó
por mi mente la idea de una venganza. Recé por los detractores y rezo por ellos.
Quizá alguna vez le dije al Señor: “Señor, si para convertirlos es necesario
algún fustazo, hazlo, con tal que se salven”.
Humildad:
Si
necesitamos paciencia para tolerar las miserias ajenas, más aún debemos
soportarnos a nosotros mismos.
En tus
diarias infidelidades, humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando el Señor
te vea humillado hasta el suelo, te tenderá su mano. Él mismo pensará en
atraerte hacia Él.
Has construido mal; destruye y reconstruye bien.
Como una
señora admitiera que tenía cierta inclinación a la vanidad, el Padre comentó: -
“¿Ha observado usted un campo de trigo en sazón? Unas espigas se mantienen
erguidas, mientras otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a pruebe a los
mas altivos, descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los
humildes, están cargados de granos”
Dios
enriquece al hombre que ha hecho el vacío en sí mismo.
Paciencia:
Guardad en
lo más hondo del espíritu las palabras de Nuestro Señor: “A fuerza de paciencia,
poseeréis vuestra alma”.
Prudencia:
La
prudencia tiene ojos. El amor piernas. El amor, que tiene piernas, querría
correr hacia Dios, pero su impulso es ciego, y uno tropezaría, de no estar
dirigido por los ojos de la prudencia...
Pruebas
y tentaciones:
Ten por
cierto que si a Dios un alma le es grata, más la pondrá a prueba. Por tanto,
¡Coraje! y adelante siempre.
Por muy
altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡Espera!... la calma volverá.
Las pruebas
a las que Dios os somete y os someterá, todas son signos del amor Divino y
Perlas para el alma.
Uno puede
ahogarse en alta mar, y también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple
vaso de agua.- ¿Donde esta la diferencia? - ¿Acaso no es la muerte, en
cualquiera de esas formas?.
El demonio
es como perro encadenado; si uno se mantiene a distancia de él, no será mordido.
Jesús os
guía hacia el cielo por campos o por desiertos - ¿que importancia tiene?
Acomodaos a las pruebas que Él quiera enviaros, como si debieran ser vuestras
compañeras para toda la vida; cuando menos lo esperéis, quizás queden resueltas.
Los grandes
corazones ignoran los agravios mezquinos.
En una
estampa representando la cruz, el Padre escribió estas palabras: “El madero no
os aplastará; si alguna vez vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a
enderezar”.
Gólgota.
Una cima cuya ascensión nos reserva una visión beatífica de nuestro amado
Salvador.
Por los
golpes reiterados de su martillo, el Artista divino talla las piedras que
servirán para construir el Edificio Eterno.
Puede
decirse con toda justicia que cada alma destinada a la gloria eterna es una de
esas piedras indispensables. Cuando un constructor quiere levantar una casa,
debe ante todo limpiar y nivelar el terreno; el Padre celestial procede de igual
manera con el alma elegida que, desde toda la eternidad ha sido concebida para
el fin que El se propone; por eso tiene que emplear el martillo y el cincel.
Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las tentaciones, las penas,
los temores espirituales y también las enfermedades corporales. Dad pues,
gracias al Padre celestial por todo lo que impone a vuestra alma. Abandonaos a
Él totalmente. Os trata como trató a Jesús en el Calvario.
Es mediante
una sumisión completa y ciega que os sentiréis guiado en medio de las sombras,
las perplejidades y las luchas de la vida. “El hombre obediente cantará
victoria”, nos dice la Escritura. Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle
también las gracias; si se oculta a vuestra vista, dadle también las gracias.
Todo esto compone el yugo del amor.
No
escuchéis lo que os dice vuestra imaginación. Por ejemplo, que la vida que
lleváis es incapaz de guiaros al bien. La gracia de Jesús vela y os hará obrar
para ese bien.
Pobres:
En todo
pobre está Jesús agonizante; en todo enfermo está Jesús sufriente; en todo
enfermo pobre está Jesús dos veces presente.
Sufrimiento:
Casi todos
vienen a mí para que les alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan
para que les enseñe a llevarla.
La vida del
cristiano no es más que un perpetuo esfuerzo contra sí mismo. El alma no florece
sino merced al dolor.
Apelad a
Dios cuando vuestra cruz os martiriza. Así imitaréis a su hijo que, en Getsemaní,
imploro algún alivio. Pero como Él, estad dispuesto a decir: - FIAT!.
¿Por
que?:
“Lo
importante es caminar con sencillez ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le
digas jamás: ¿Por qué?, aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es
necesaria: Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las
tinieblas”.
Dirección Espiritual:
Recuerde -
dijo el padre a uno de sus hijos espirituales - que la madre empieza a hacer
caminar al niño sosteniéndolo; pero luego, éste debe caminar solo. También usted
debe aprender a razonar sin ayuda.
Amor y
sus hijos espirituales:
La caridad
es la reina de las virtudes. Como el hilo entrelaza las perlas, así la caridad a
las otras virtudes; cuando se rompe el hilo caen las perlas. Por eso cuando
falta la caridad, las virtudes se pierden.
La caridad
es la medida con la que el Señor nos juzgará a todos.
La humildad
y la caridad van de la mano. La primera glorifica, la otra santifica.
Amo a mis
hijos espirituales tanto como a mi alma y aun más.
Al final de
los tiempos me pondré en la puerta del paraíso y no entraré hasta que no haya
entrado el último de mis hijos.
La
escalera al cielo:
Sin
obediencia no hay virtud;
sin virtud no hay bien.
Sin bien no hay amor.
Sin amor no hay Dios.
Y sin Dios no hay Paraíso.
Esto forma
como una escalera, si falta un peldaño uno se cae.
El anhelo
de la paz eterna es legítimo y santo, pero debe ser moderado para una total
resignación a los designios del Altísimo: más vale cumplir la Voluntad Divina en
este mundo que gozar en el Paraíso. “Sufrir y no morir” era el ‘leit-motiv’ de
Santa Teresa. El Purgatorio es un lugar de delicias, cuando se lo soporta por
voluntaria elección de amor.
La Noche
Oscura:
Nuestro
Señor, en cuanto considera nuestra alma lo bastante viril, lo bastante entregada
a su servicio, se apresura quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle
la facultad de orar, de meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez.
Esta
mudanza aterra: - Qué gran delito habrá cometido el alma, para atraer sobre si
tal desdicha. Escudriña su conciencia, pasa por tamiz sus mas insignificantes
actos, y al no descubrir nada que justifique su infortunio, saca en conclusión
que ha sido abandonada.
- ¡Qué
error! Lo que el alma toma por abandono es un favor insigne. Es la transacción
de lo inteligible a la duración contemplativa, a la que uno no llega sino
purificado. - Si el hombre pudiera comprender que su imposibilidad de fijar su
imaginación en un punto determinado se debe al retiro de la luz sobrenatural!.
Pero pronto una nueva luz anima la meditación y la vuelve eficaz. - Ah, si el
alma pudiera saber que Dios, al apartarse, infunde al mismo tiempo una más pura
claridad en el intelecto, la claridad que la hace más apta a las cosas divinas,
por encima de lo discursivo, en la visión directa, y absolutamente exquisita,
delicada, inefable. Se me objetará si esa luz es a tal punto mejor, el alma
debería, con sus poderes multiplicados, captar su objeto. Pero no vamos tan
rápido. Los que con gusto se alimentan con comidas ordinarias, simularán
disgusto cuando le ofrezcáis manjares mas refinados. Igualmente, para apreciar
el estado de oración, hay que haber roto todo lazo.- Dios mío! En esta oscuridad
veo una irradiación. Recordadlo, el amor de Dios nunca se sacia.
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