
(Dictado a
María Valtorta y, al final, mensaje de la Reina de la Paz)
7 de julio de 1943
Dice Jesús:
“En el Pater noster está la
perfección de la oración.
Observa: ningún acto está ausente
en la brevedad de la fórmula. Fe, esperanza, caridad, obediencia, resignación,
abandono, petición, contrición, misericordia, están presentes. Diciéndola, oráis
con todo el Paraíso, durante las cuatro primeras peticiones, después, dejando el
Cielo, que es la morada que os espera, volvéis sobre la tierra, permaneciendo
con los brazos alzados hacia el Cielo para implorar por las necesidades de aquí
abajo y para pedir ayuda en la batalla que hay que vencerse para volver allá
arriba.
“Padre nuestro que estás
en los cielos”.
¡Oh María! Sólo mi amor podía
deciros: decid: “Padre nuestro”. Con esta expresión os he investido públicamente
con el título sublime de hijos del Altísimo y hermanos míos. Si alguno,
aplastado por la consideración de su nulidad humana, puede dudar de ser hijo de
Dios, creado a su imagen y semejanza, pensando en esta palabra mía no puede
ya dudar. El Verbo de Dios no yerra y no miente. Y el Verbo os dice:
decid: “Padre nuestro”.
Tener un padre es algo dulce y
una gran ayuda. Yo, en el orden material, he querido tener un padre sobre la
tierra para tutelar mi existencia de niño, de muchacho, de joven. Con esto he
querido enseñaros, sea a los hijos que a los padres, cuán grande sea la figura
moral del padre. Pero tener un Padre de perfección absoluta, cual es el Padre
que está en los Cielos, es dulzura de las dulzuras, ayuda de las ayudas. Mirad a
este Padre–Dios con temor santo, pero siempre más fuerte que el temor sea el
amor agradecido por el Dador de la vida en la tierra y en el cielo.
“Santificado sea tu Nombre”.
Con el mismo movimiento de los
serafines y de todos los coros angélicos, a los cuales y con los cuales os unís
al exaltar el nombre del Eterno, repetid esta exultante, agradecida, justa
alabanza al Santo de los Santos. Repetidla pensando en Mí que antes que
vosotros, Yo, Dios hijo de Dios, la he dicho con suma veneración y con sumo
amor. Repetidla en la alegría y en el dolor, en la luz y en las tinieblas, en la
paz y en la guerra. Bienaventurados los hijos que nunca han dudado del Padre y
siempre, en cada circunstancia, han sabido decirle: “¡Bendito sea tu Nombre!”.
“Venga tu Reino”.
Esta invocación debería ser el
latido del péndulo de toda vuestra vida, y todo debería gravitar sobre esta
invocación al Bien. Porque el Reino de Dios en los corazones, y desde los
corazones en el mundo, querría decir: Bien, Paz, y todas las demás virtudes.
Escandid por ello vuestra vida de innumerables imploraciones por la llegada de
este Reino. Pero imploraciones vivas, es decir actuar en la vida aplicando
vuestro sacrificio de cada momento, porque actuar bien quiere decir sacrificar
la naturaleza, con esta finalidad.
“Hágase tu voluntad así en la
tierra como en el Cielo”.
El Reino del Cielo será de quien
ha hecho la Voluntad del Padre, no de quien haya acumulado palabras sobre
palabras, y después se ha rebelado al querer del Padre, mintiendo a las palabras
antes dichas. También aquí os unís a todo el Paraíso que hace la Voluntad del
Padre. Y si tal Voluntad la hacen los habitantes del Reino, ¿no la haréis
vosotros para haceros, a su vez, habitantes de allá arriba? ¡Oh! ¡alegría que os
ha sido preparada por el amor uno y trino de Dios! ¿Cómo podéis vosotros no
afanaros con perseverante voluntad para conquistarla?
Quien hace la Voluntad del
Padre vive en Dios. Viviendo en Dios no puede errar, no puede pecar, no
puede perder su morada en el Cielo, porque el Padre no os hace hacer más que lo
que es el Bien, y que, siendo Bien, salva del pecar, y conduce al Cielo. Quien
hace suya la Voluntad del Padre, anulando la propia, conoce y gusta ya en la
tierra la Paz que es la dote de los bienaventurados. Quien hace la Voluntad del
Padre, matando la propia voluntad perversa y pervertida, ya no es un hombre: ya
es un espíritu movido por el amor y viviente en el amor.
Debéis, con buena voluntad,
arrancar de vuestro corazón vuestra voluntad y poner en su lugar la Voluntad del
Padre.
Después de haber provisto a las
peticiones para el espíritu, porque sois pobres, vivientes entre las necesidades
de la carne, pedís el pan a Aquel que provee de alimento a los pájaros del aire
y de vestido a los lirios del campo. “Danos hoy nuestro pan cotidiano”.
He dicho hoy y he dicho
pan. Yo no digo nunca nada inútil.
Hoy. Pedid día tras día
las ayudas al Padre. Es medida de prudencia, justicia, humildad.
Prudencia: si lo tuvierais
todo de una vez, desperdiciaríais mucho. Sois eternos niños y caprichosos por
añadidura. Los dones de Dios no deben desperdiciarse. Además, si lo tuvierais
todo, olvidaríais a Dios.
Justicia: ¿Por qué
deberíais tenerlo todo de una vez cuando Yo tuve, día a día, la ayuda del Padre?
¿Y no sería injusto pensar que está bien que Dios os dé todo junto, pensando por
los adentros con cuidado humano que, nunca se sabe, está bien tenerlo hoy
todo en el temor de que mañana Dios no dé? La desconfianza, vosotros no
reflexionáis en esto, es un pecado. No hay que desconfiar de Dios. Él os
ama con perfección. Es el Padre perfectísimo. Pedirlo todo junto choca
con la confianza y ofende al Padre.
Humildad: el deber pedir
día a día os refresca en la mente el concepto de vuestra nada, de vuestra
condición de pobres, y del Todo y de la Riqueza de Dios.
Pan. He dicho “pan” porque
el pan es el alimento–rey, el indispensable para la vida. Con una palabra y en
la palabra he encerrado, para que las pidierais todas, todas las necesidades de
vuestra permanencia terrena. Pero al igual que son distintas las temperaturas de
vuestra espiritualidad, así son distintas las extensiones de la palabra.
“Pan–alimento” para
quienes tienen una espiritualidad embrional hasta el punto de que es ya mucho si
saben pedir a Dios el alimento para saciar su vientre. Hay quien no lo pide y lo
toma con violencia, maldiciendo a Dios y a los hermanos. Éste es mirado con ira
por el Padre porque pisotea el precepto del que proceden los demás: “Ama a tu
Dios con todo tu corazón, ama a tu prójimo como a ti mismo”.
“Pan–ayuda” en las
necesidades morales y materiales para quien no vive sólo para el vientre, sino
sabe vivir también para el pensamiento, teniendo una espiritualidad más formada.
“Pan–religión” para
aquellos que, aún más formados, anteponen a Dios a las satisfacciones del
sentido y del sentimiento humano y ya saben mover las alas en lo sobrenatural.
“Pan–espíritu, pan–sacrificio”
para quienes, alcanzada la edad plena del espíritu, saben vivir en el espíritu y
en la verdad, ocupándose de la carne sólo cuanto es estrictamente necesario para
continuar existiendo en la vida mortal, hasta que sea la hora de ir a Dios.
Éstos ya se han cincelado a sí mismos sobre mi modelo y son copias vivientes de
Mí, sobre las cuales el Padre se inclina con abrazo de amor.
“Perdónanos nuestras deudas como
nosotros las perdonamos a nuestros deudores”.
No hay, en el número de los
creados, ninguno, excepto mi Madre, que no haya tenido que hacerse
perdonar por el Padre culpas más o menos graves según la propia capacidad de ser
hijos de Dios.
Rogad al Padre que os borre del
número de sus deudores. Si lo hacéis con ánimo humilde, sincero, arrepentido,
inclinaréis al Eterno a vuestro favor.
Pero condición esencial para
lograrlo, para ser perdonados, es perdonar. Si sólo queréis y no dais piedad a
vuestro prójimo, no conoceréis perdón del Eterno. Dios no ama a los hipócritas y
a los crueles, y aquel que rehúsa perdonar al hermano rechaza el perdón del
Padre para sí mismo.
Considerad además que, por cuanto
podáis haber sido heridos por vuestro prójimo, vuestras heridas a Dios son
infinitamente más graves. Que este pensamiento os impulse a perdonarlo todo
como Yo perdoné por mi Perfección y para enseñaros a vosotros el perdón.
“No nos dejes caer en tentación y
líbranos del mal”.
Dios no os induce en tentación.
Dios os tienta solamente con dones de Bien, y para atraeros a Sí. Vosotros,
interpretando mal mis palabras, creéis que ellas quieran decir que Dios os
induce en tentación para probaros. No El buen Padre que está en los Cielos lo
permite el mal, pero no lo crea. Él es el Bien del que brota todo bien. Pero
el Mal existe. Existió desde el momento en que Lucifer se levantó contra Dios. A
vosotros os corresponde hacer del Mal un Bien, venciéndolo e implorando al Padre
las fuerzas para vencerlo.
He aquí lo que pedís en la última
petición. Que Dios os dé tanta fuerza como para saber resistir a la tentación.
Sin su ayuda la tentación os podría porque es astuta y fuerte, y vosotros sois
torpes y débiles. Pero la Luz del Padre os ilumina, pero la Potencia del Padre
os fortalece, pero al Amor del Padre os protege, por lo cual el Mal muere y
vosotros os quedáis liberados de él.
Esto es cuanto pedís con el Pater
que Yo os he enseñado. En él está todo comprendido, todo ofrecido, todo pedido
de cuanto es justo que sea pedido y dado. Si el mundo supiera vivir el Pater, el
Reino de Dios estaría en el mundo. Pero el mundo no sabe orar. No sabe amar. No
sabe salvarse. Sólo sabe odiar, pecar, condenarse.
Pero Yo no he dado y hecho esta
oración para el mundo que ha preferido ser reino de Satanás. Yo he dado y he
hecho esta oración para aquellos que el Padre me ha dado porque son suyos, y la
he hecho para que sean uno con el Padre y conmigo desde esta vida, para alcanzar
la plenitud de la unión en la otra”.
Nuestra Señora Reina de la Paz
dictó a Jelena los siguientes comentarios sobre el Padre Nuestro:
"PADRE - ¿Quién es este Padre? ¿De quién es este Padre?
¿Dónde está este Padre?
NUESTRO - Este es tu Padre. ¿Por qué le temes? Extiende tus manos hacia El.
(Breve pausa) PADRE NUESTRO significa que El se ha entregado a ti mismo a ti
como Padre. Te ha dado todo. Tú sabes que tus padres en la Tierra hacen todo por
ti, mucho más hace tu Padre Celestial. PADRE NUESTRO significa: Te doy todo,
hijo mío
QUE
ESTAS EN EL CIELO - (Breve pausa) Esto significa: Tu padre en la Tierra te
quiere, pero tu Padre Celestial te quiere aún más. Tu padre puede enfadarse
contigo, el Padre Celestial, no.
El sólo te ofrece Su amor.
SANTIFICADO SEA TU NOMBRE - A cambio debes respetarlo, porque te lo ha dado todo
y porque es tu Padre y debes amarlo. Debes glorificarlo y alabar Su nombre. A
los pecadores debes decirles: El es el Padre, sí. Es mi Padre y deseo servirle y
sólo glorificar Su nombre. Este es el significado de Santificado sea Tu Nombre.
VENGA A NOSOTROS TU REINO - Así es como agradecemos a Jesús y queremos decirle:
Jesús, no sabemos nada; sin tu Reino, somos débiles, si Tú no estás presente
junto a nosotros. Nuestro reino pasa mientras que el Tuyo no pasa.
¡Restablécelo!
HÁGASE TU VOLUNTAD - Oh Señor, haz que nuestro reino se derrumbe. Deja que tu
Reino sea el único verdadero, y haz que comprendamos que nuestro reino está
destinado a finalizar pronto y permítenos, AHORA. que se haga Tu voluntad.
ASÍ
EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO - Aquí, Señor, se dice cómo los ángeles te
obedecen, cómo te respetan, Y haz posible que todo en la Tierra sea SANTO como
lo es en el Cielo.
DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DIA - Danos Señor, pan y alimento para nuestra
alma; dánoslo ahora, dánoslo hoy, dánoslo siempre; que este pan pueda ser el
alimento para nuestra alma, que nos nutra. Que este pan te santifique a Ti y que
este pan sea eterno. Oh Señor, te pedimos nuestro pan. Oh Señor, déjanos
recibirlo. Oh Señor, ayúdanos a comprender lo que debemos hacer. Déjanos saber
que nuestro pan diario no se nos puede otorgar sin oración.
Y
PERDONA NUESTRAS OFENSAS - Perdona Señor nuestras ofensas. Perdónanos porque no
somos buenos y no somos fieles.
COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. Perdónanos a nosotros
para que nosotros también perdonemos a aquellos que no fueron capaces de
perdonarnos hasta ahora. Oh Jesús, perdónanos nuestras ofensas, te lo
suplicamos, Vosotros, (es decir, nosotros) orad para que vuestros pecados sean
perdonados en la misma medida en que perdonáis a los que os ofenden, sin darnos
cuenta que si verdaderamente se perdonaran los pecados vuestros, de la misma
manera que vosotros perdonáis las ofensas de otros, sería algo miserable. Esto
es lo que el Padre Celestial os está diciendo con estas palabras.
Y
NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN - Señor, líbranos de las grandes pruebas. Señor,
somos débiles. No dejes que nuestras pruebas, ¡Oh Señor!, nos lleven a la
perdición.
MAS
LÍBRANOS DEL MAL - Señor, líbranos del mal. Que logremos sacar provecho de
nuestras aflicciones y avanzar un paso hacia adelante en nuestras vidas.
AMEN - Y así sea Señor, que se haga Tu voluntad.
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