
(Jesús Misericordioso)
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Contenido de esta página:
Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska
Oración a la Divina Misericordia
Promesas a los que propaguen esta devoción
Condiciones para alcanzar gracias:
- Confianza
-
Misericordia con el prójimo
Cuadro
o Imagen de Jesús Misericordioso
Fiesta de la
Misericordia
La Hora de
la Misericordia
Rosario o Coronilla de la Misericordia
Modo de rezar el Rosario o Coronilla de la Misericordia
Novena de la
Misericordia
Alabanzas a la Divina Misericordia
Diálogos de Dios Misericordioso:
-
Diálogo de Dios misericordioso con el
alma pecadora.
-
Diálogo entre Dios misericordioso y el alma desesperada.
-
Diálogo de Dios misericordioso con el alma que sufre.
-
Diálogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfección.
-
Diálogo entre Dios misericordioso y el alma perfecta.
Milagros:
-
Milagro de Ugo
Festa
-
El milagro en la tumba de Sor Faustina
Palabras
de Jesús a Santa Faustina Kowalska:
“Me
queman las llamas de la Misericordia, deseo derramarlas sobre las almas,
y las almas no quieren creer en mi bondad. Oh, qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas (...) Dile a la
humanidad doliente que se abrace a mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré
de paz”. “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con
confianza a mi Misericordia”.
"De todas Mis
llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de
Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan
todas las gracias para las almas".
“El
alma que confíe en mi Misericordia no perecerá, ya que todos sus asuntos son míos.
El alma más feliz es la que confía en mi Misericordia, pues Yo mismo la
cuido”.
"Proclama que
ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha
sentido confusión".
"Hija Mía,
escribe que cuanto más grande es la miseria de un alma tanto más grande es el
derecho que tiene a Mi misericordia e invita a todas las almas a confiar en el
inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la
cruz, la Fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para
todas las almas, no he excluido a ninguna".
"Que los más
grandes pecadores pongan su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie
tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe
sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que
recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo
que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi
compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia.
Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi
misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que
pasar por la puerta de Mi justicia..."
“Yo
soy el Amor y la Misericordia. Quien se acerque a Mí con confianza recibe mi
gracia con tal sobreabundancia, que no la puede contener y la irradia sobre los
otros”.
“Ningún
pecado, aunque sea un abismo de corrupción agotará mi Misericordia".
"Escribe
de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal
de la misericordia donde han de buscar consuelo; allí tienen lugar los milagros
más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que
hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que
basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su
miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su
plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera
que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración
y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina
Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no
disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando
sea demasiado tarde".
“Por
los pecadores bajé a la tierra y derramé toda mi Sangre”.
"Diles a las
almas, hija Mía, que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo
solo y soporto la justa ira de Mi Padre".
"Escribe: Soy santo, tres veces santo y
siento aversión por el menor pecado. No puedo amar al alma manchada por un
pecado,
pero cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para
ella no conoce límites. Mi misericordia la abraza y justifica. Persigo a los
pecadores con Mi misericordia en todos sus caminos y Mi Corazón se alegra cuando
ellos vuelven a Mí. Olvido las amarguras que dieron a beber a Mi Corazón y Me
alegro de su retorno. Di a los pecadores que ninguno escapará de Mis manos. Si
huyen de Mi Corazón misericordioso, caerán en mis manos justas. Di a los
pecadores que siempre los espero, escucho atentamente el latir de sus corazones
para saber cuándo latirán para Mí. Escribe que les hablo a través de los
remordimientos de conciencia, a través de los fracasos y los sufrimientos, a
través de las tormentas y los rayos, hablo con la voz de la Iglesia y si
frustran todas Mis gracias, Me molesto con ellos dejándoles a sí mismos y les
doy lo que desean".
“Los mayores pecadores podrían convertirse en grandes santos si
confiaran en mi Misericordia. Encuentro mis delicias santificando a las almas.
Los mayores pecadores tienen particular derecho a mi Misericordia. Es para Mí
una alegría cuando acuden a mi Misericordia. Les colmo por encima de su
esperanza”.
"Escribe, hija
Mía, que para un alma arrepentida soy la misericordia misma. La más grande
miseria de un alma no enciende Mi ira, sino que Mi Corazón siente una gran
misericordia por ella".
“Di
a mis Sacerdotes que los pecadores empedernidos se derretirán a causa de sus
palabras, cuando hablen sobre mi insondable Misericordia y sobre la compasión
que mi Corazón tiene para con ellos”.
“Las
almas que acudan al Tribunal de la Misericordia encontrarán los más
sorprendentes milagros, pues cuando te acerques a confesar, debes saber que Yo
mismo te espero en el confesionario, oculto en el Sacerdote”.
“Yo
no puedo castigar al que confía en mi Misericordia. Castigo cuando se me
obliga. Pero antes de venir como Juez el Día de la Justicia, Yo abro las
puertas de mi Amor y concedo el tiempo de la Misericordia”.
“Escribe
esto para las almas afligidas: Cuando el alma ve y reconoce la gravedad de sus
pecados, cuando se descubre ante sus ojos todo el abismo de miseria en que ha caído,
no se desespere sino que se arroje con confianza en los brazos de mi
Misericordia, como un niño entre los brazos de su madre amadísima”.
"Mi Corazón
está colmado de gran misericordia para las almas y especialmente para los pobres
pecadores. Oh, si pudieran comprender que Yo soy para ellas el mejor Padre, que
para ellas de Mi Corazón ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante
de misericordia; para ellas vivo en el tabernáculo; como Rey de Misericordia
deseo colmar las almas de gracias, pero no quieren aceptarlas. Por lo menos tú
ven a Mí lo más a menudo posible y toma estas gracias que ellas no quieren
aceptar y con esto consolarás Mi Corazón. Oh, qué grande es la indiferencia de
las almas por tanta bondad, por tantas pruebas de amor. Mi Corazón está
recompensado solamente con ingratitud, con olvido por parte de las almas que
viven en el mundo. Tienen tiempo para todo, solamente no tienen tiempo para
venir a Mí a tomar las gracias".
"Oh, si los
pecadores conocieran Mi misericordia no perecería un número tan grande de ellos.
Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a Mí, habla de Mi
gran misericordia".
"La pérdida de
cada alma me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre me consuelas cuando
rezas por los pecadores. Tu oración que más me agrada es la oración por la
conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre
escuchada".
Jesús:
"Hija
Mía, ¿crees, quizá, que hayas escrito suficiente sobre Mi misericordia? Lo que
has escrito es apenas una gotita frente a un océano. Yo soy el Amor y la
Misericordia Misma; no existe miseria que pueda medirse con Mi misericordia, ni
la miseria la agota, ya que desde el momento en que se da mi misericordia
aumenta. El alma que confía en Mi misericordia es la más feliz porque Yo Mismo
tengo cuidado de ella".
"Secretaria
Mía, escribe que soy más generoso para los pecadores que para los justos. Por
ellos he bajado a la tierra... por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan
miedo de acercarse a Mí, son los que más necesitan Mi misericordia".
"He abierto Mi
Corazón como una Fuente viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de
ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los
pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien.
Al que haya depositado su confianza en Mi misericordia, en la hora de la muerte
le colmaré el alma con Mi paz divina".
"Diles a las
almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que
desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que
le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan Mi misericordia. La
conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia.
Que las almas
que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la
abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que
estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo
Mismo me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea
necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo
recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más
recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en
tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan
mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si
las almas piden poco, estrechan sus corazones".
"En el Antiguo
Testamento enviaba a los profetas con truenos a Mi pueblo. Hoy te envío a ti a
toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad
doliente, sino que desea sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago
uso de los castigos cuando me obligan a ello; Mi mano resiste a tomar la espada
de la justicia. Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia".
"Escribe sobre
Mi bondad lo que te venga a la cabeza. Contesté: Pero, Señor, ¿si escribo
demasiado? Y el Señor me respondió: Hija Mía, aunque hablaras todas las
lenguas de los hombres y de los ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino que
glorificarías Mi bondad, Mi misericordia insondable, apenas en una pequeña
parte".
"Escribe, hija
Mía, que para un alma arrepentida soy la misericordia misma. La más grande
miseria de un alma no enciende Mi ira, sino que Mi Corazón siente una gran
misericordia por ella".
"Cuánto deseo
la salvación de las almas. Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar
Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran
acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si
confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas están colmadas de misericordia que
está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma
humana, llenarla de Mi misericordia y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi
vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria Mía, que el director de
las almas lo soy Yo mismo directamente, mientras indirectamente las guío por
medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que
conozco solamente Yo".
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ORACIÓN A LA
DIVINA MISERICORDIA
“Es mi
deseo que tengas un conocimiento más profundo del amor que quema Mi corazón, y
tú entenderás esto, cuando medites en Mi Pasión. Pidan Mi Misericordia a favor
de los pecadores, yo deseo su salvación. Cuando digas esta
oración, con un corazón contrito y con fe por el bien de algún pecador, Yo le
daré la gracia de la conversión. Esta es la oración:
“¡Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús
como una fuente de Misericordia para nosotros, yo confío en Ti!”.
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Promesas
a los que propaguen esta devoción:
“A
las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda
su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora
de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.
“Las
almas que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a
otras almas a confiar en mi Misericordia, no experimentarán terror en la hora
de la muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último combate”.
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Condiciones
para alcanzar gracias:
Confianza:
“Cuanto más
confíe
un alma, tanto más recibirá”.
“Si tu confianza es grande, mi generosidad no tendrá límites”.
"Las almas que
confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los
tesoros de Mis gracias".
"Oh, cuánto me
hiere la desconfianza del alma. Esta alma reconoce que soy santo y justo, y no
cree que Yo soy la Misericordia, no confía en Mi bondad. También los demonios
admiran Mi justicia, pero no creen en Mi bondad".
"Proclama que
la misericordia es el atributo más grande de Dios. Todas las obras de Mis manos
están coronadas por la misericordia".
"Todo lo que
dices sobre Mi bondad es verdad y no hay expresiones suficientes para exaltar Mi
bondad".
"Cuando un
alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del
infierno".
"Escribe: Todo
lo que existe está encerrado en las entrañas de Mi misericordia más
profundamente que un niño en el seno de la madre. Cuán dolorosamente Me hiere la
desconfianza en Mi bondad. Los pecados de desconfianza son los que Me hieren más
penosamente".
“Deseo
conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi Misericordia”.
“Que
se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán
la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya
depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré
el alma con mi paz divina”.
(Si no tenemos suficiente confianza en Dios, podemos pedirla
por medio de
una Novena de Confianza
al Sagrado Corazón de Jesús. Para verla hacer clic
aquí.
También podemos recuperar nuestra confianza en Dios, leyendo y rezando las
Alabanzas a la Divina Misericordia)
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Misericordia
con
el
prójimo: “Si
un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en
el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no
serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.
Recordemos que las obras de misericordia son
las siguientes:
Espirituales: enseñar al
que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir
al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos,
orar a Dios por vivos y difuntos.
Corporales: dar de comer al hambriento,
dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a
los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.
"Hija Mía,
necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es
grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con
sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".
La Misericordia divina es infinita, pero
la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de
misericordia con el prójimo.
¡Qué menos que un acto de misericordia
hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.
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Cuadro
de Jesús Misericordioso:
Jesús dijo a Sor Faustina: “Dibuja
un cuadro según me estás viendo, con la invocación: “Jesús en Vos confío”.
Quiero que se venere en el mundo entero”.
“Los
dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido
simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre
que es la vida de las almas... Ambos rayos brotaron de las entrañas más
profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz
por la lanza.
Estos rayos
protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a
la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios". (Ponerse
al amparo de estos rayos)
“Yo
preservaré las ciudades y casas en las cuales se encontrase esta imagen”.
“Prometo
que el alma que venere esta imagen no perecerá. Prometo ya aquí en la tierra
la victoria sobre los enemigos: sobre todo a la hora de la muerte. Yo mismo la
defenderé como a mi Gloria. Ofrezco a los hombres
un
recipiente con el que han de venir
a la fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese
recipiente es esta imagen con la firma: Jesús, en Vos confío”.
Jesús promete la salvación eterna y
grandes gracias y
progresos en la santidad a los que le den culto por medio de esta
imagen. En tu hogar y en tu cartera ponla
en un lugar preferente.
"No en la
belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en
Mi gracia".
Clic aquí para venerar la Imagen.
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Fiesta
de la Misericordia:
“Debe
celebrarse el Domingo siguiente al de Pascua de Resurrección. Ese día, los
Sacerdotes deberán predicar a las almas mi infinita Misericordia”.
"A los
sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza
prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen".
“En
ese día estarán abiertas todas las Fuentes de mi Misericordia. Deseo que esta
Festividad sea un refugio para todas las almas, pero sobre todo para los
pecadores”.
"Hija Mía, di
que esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo
del mundo entero".
“El
alma que acuda a la Confesión y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la
remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema acercarse a Mí,
aunque sus pecados sean como la grana”.
"Hija Mía,
como te preparas en Mi presencia, así te confiesas ante Mí; el sacerdote es para
Mí sólo una pantalla. No analices nunca de qué clase de sacerdote Me estoy
valiendo y abre el alma al confesarte como lo harías Conmigo, y Yo llenaré tu
alma con Mi luz"
“Toda
Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer, en aquel que
comulga, la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico
es “fuente de toda gracia”.
"Deseo unirme
a las almas humanas. Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija
Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos
llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma, pero las almas ni
siquiera Me prestan atención, Me dejan solo y se ocupan de otras cosas. Oh, qué
triste es para Mí que las almas no reconozcan al Amor. Me tratan como una cosa
muerta".
Al sumergirme en
la oración, fui trasladada en espíritu a la capilla y vi al Señor Jesús expuesto
en la custodia; en lugar de la custodia veía el rostro glorioso del Señor y el
Señor me dijo: "Lo que tú ves en realidad, estas almas lo ven a través de la
fe. Oh, qué agradable es para Mí su gran fe. Ves que aparentemente no hay en Mí
ninguna traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en toda su plenitud
y además encerrada en cada Hostia. Pero para que Yo pueda obrar en un alma, el
alma debe tener fe. Oh, cuánto Me agrada la fe viva".
"Las almas
mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es
decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para
siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran
misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia".
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La
Hora de la Misericordia:
Jesús llamó “La Hora de la
Misericordia” a las 3 de la tarde, por ser la hora de su muerte:
“A las 3 de la tarde implora mi Misericordia especialmente para los
pecadores y, aunque sea por un momento, contempla mi Pasión; sobre todo el
abandono en el momento de mi agonía. Esta es la hora de la gran Misericordia
para todo el mundo. En esta Hora no negaré nada al alma que lo pida
por los méritos
de mi Pasión”.
"Son pocas las
almas que contemplan Mi Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que
meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias".
"Te recuerdo,
hija Mía, que cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente
en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el
mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se
abrió de par en par para cada alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides
para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo
entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora procura
rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar
el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el
Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes
entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un
brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero
primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más
profundo".
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Rosario o coronilla
de la Misericordia:
El Señor le dedicó 14 revelaciones: “Por
el rezo de este Rosario, me complace dar todo lo que me pidan. Quien lo rece,
alcanzará gran Misericordia en la hora de su muerte. Aunque sea un pecador
empedernido, si reza este Rosario, aunque sea una sola vez, logrará la gracia
de mi infinita Misericordia”.
“Cuando
los pecadores recen este Rosario, llenaré sus almas de tranquilidad, y será
feliz la hora de su muerte. No les afectará el temor. Mi Misericordia les
amparará en esta última lucha”.
“Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta
coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al
agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando cerca de un agonizante es
rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia
envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa
Pasión de Mi Hijo"
"Cuando recen este
Rosario al lado del moribundo, me pondré entre el Padre y el alma moribunda, no
como justo Juez, sino como Redentor Misericordioso".
"A las almas
que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida
y especialmente a la hora de la muerte".
"Hija mía,
anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta
coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores
empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz".
“Los
Sacerdotes ofrezcan este Rosario a los pecadores, como el último socorro”.
"Oh, ¡qué
enorme caudal de gracias derramaré sobre las almas que recen esta Coronilla. Las
entrañas de mi Misericordia se enternecen por aquellos que rezan la Coronilla.
Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi misericordia para que toda
la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos
tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que
recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del
Agua que brotó para ellos".
Dos casos
aparecen en el Diario de Santa María
Faustina que envuelven tormentas, #1731 y # 1791, y en ellos ella usa la
Coronilla de la Divina Misericordia como un látigo poderoso:
“Hoy me despertó
una gran tormenta, el viento estaba enfurecido y llovía como si hubiera un
huracán, a cada rato caían rayos.
Me puse a rogar que la tempestad no causara ningún daño; de repente oí estas
palabras: Reza la coronilla que te he enseñado y la tempestad
cesará. En seguida he comenzado
a rezar la coronilla y ni siquiera la he terminado cuando el temporal ha cesado
y oí estas palabras: A través de ella obtendrás todo, si lo que pides
está de acuerdo con
Mi voluntad.”
(1731)
“Cuando se
acercaba una gran tormenta me puse a rezar la coronilla. De repente oí la voz de
un ángel: no puedo acercarme con la tempestad, porque el resplandor que sale
de su boca me rechaza a mí y a la tormenta. Se quejaba el ángel con Dios.
De súbito conocí lo mucho que habría de devastar con esa tempestad, pero conocí
también que esa oración era agradable a Dios y lo potente que es la coronilla.”
(1791)
Fue el 22 de
mayo, cuando ocurrió el siguiente incidente y la Hermana
Faustina lo anotó para mostrar el poder que Jesús mismo le atribuyó a la
coronilla de la Divina Misericordia, que Él le enseñó:
“Hoy el calor
es tan intenso que es difícil soportarlo. Todos estamos sedientos por la lluvia,
y ella todavía no viene. Por muchos días el cielo ha estado nublado, pero no
llueve. Cuando miro a las plantas, sedientas de agua, sentí mucha compasión y
decidí rezar la coronilla, hasta que el Señor nos mandara lluvia. Antes de la
cena, el cielo se cubrió de nubes, y una fuerte lluvia cayó sobre la tierra. Yo
había estado rezando esta plegaria por tres horas
sin cesar. Y el
Señor me ha dado a conocer que a través de esta oración se puede
obtener todo”.
(1128)
Viernes
13 XI 1935.
Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios.
Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies,
de la nube salía rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y
alcanzaban la tierra. Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la
tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar,
empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría
penitencia. Pero mi suplica era nada comparada con la ira de Dios. En aquel
momento vi a la Santísima Trinidad. La grandeza de su Majestad me penetró
profundamente y no me atreví a repetir la plegaria. En aquel mismo instante
sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme
cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de
Dios. Oh, que grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible su santidad. No
trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal
como es. Me puse a rogar a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de
mi.
403
Cuando así rezaba, vi la
impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por
los pecados. Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces.
Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes:
Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la
Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y
los del mundo entero. Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros.
404
A la mañana siguiente, cuando
entré en nuestra capilla, oí esta voz interior: Cuantas veces entres en la
capilla reza en seguida esta oración que te enseñé ayer. Cuando recé esta
plegaria, oí en el alma estas palabras: Esta oración
es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de
modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave Maria y el
Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las
siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y
la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación
de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave Maria, dirás
las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y
del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios,
Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.
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PRÁCTICA DEL
ROSARIO O CORONILLA DE LA MISERICORDIA:
Se reza con un rosario común.
Cada día reza un Padrenuestro, Avemaría
y Credo, y luego con las cuentas del Santo Rosario:
Reza 5 decenas. Comienza cada decena así:
“Padre
Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo
Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los
del mundo entero”.
Sigue e implora al Padre Eterno 10
veces, en cada decena: “Por su dolorosa
Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero”.
Al final, repite 3 veces:
“Santo
Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten Misericordia de nosotros y del mundo
entero”.
Y después, es bueno terminar con una
Salve a la Virgen.
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Novena
de la Misericordia:
(Descargue la Novena
aquí)
Jesús quiere que la Fiesta de la
Misericordia vaya precedida de una novena, que puede hacerse con el Rosario de
la Misericordia. Comienza el Viernes Santo. “En esta novena concederé a las almas toda clase
de
gracias”.
Es
una promesa sin restricciones...
Viernes
Santo, 26 de marzo de 1937, en Pradnik.
“Jesús
me ordena hacer una novena, que anteceda a la Fiesta de la Misericordia y que
debo comenzarla hoy, por la conversión del mundo entero y para dar a conocer la
Misericordia de Dios”. “Deseo que mis
criaturas tengan confianza en Mí”. (III, 16).
Cracovia,
agosto 1937.
(III, 57 a 65).
Novena
a la Misericordia Divina, que Jesús me ordenó escribir y hacer como preparación
de la Fiesta de la Misericordia, para empezar el Viernes Santo.
“Deseo
que durante esos nueve días traigas a las almas al manantial de mi Misericordia
para que así encuentren la fortaleza, el consuelo y todas las gracias que
necesiten para hacer frente a las dificultades de la vida, especialmente en la
hora de la muerte.
Cada
día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las introducirás en
la inmensidad de mi Misericordia, y Yo, a todas esas almas las conduciré a la
casa de mi Padre”.
Yo
contesté: Jesús, no sé cómo hacer esta novena, ni a qué almas conducir
primero a tu Misericordiosísimo Corazón. Jesús, me contestó que Él, cada día,
me haría saber a qué almas debía introducir en su Corazón. (III, 57).
NOVENA
PRIMER
DÍA
“Hoy
tráeme a toda la Humanidad, especialmente a todos los pecadores y sumérgelos
en la inmensidad de mi Misericordia. De esta forma me consolarás de la amarga
tristeza en que me sume la pérdida de las almas”.
Misericordiosísimo
Jesús, cuya inclinación natural es la de tener compasión de nosotros y
perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu
Bondad infinita. Acógenos en la morada de tu Corazón Misericordiosísimo y no
permitas que salgamos jamás de Él. Te lo pedimos por el amor que te une al
Padre y al Espíritu Santo.
Padre
Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa hacia toda la Humanidad y en especial
hacia los pobres pecadores, encerrándolos en el Misericordiosísimo Corazón de
Jesús y, por los méritos de su dolorosa Pasión, muéstranos tu Misericordia,
para que alabemos la omnipotencia de tu Misericordia, por los siglos de los
siglos. Amén. (III, 57-58).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
SEGUNDO
DÍA
“Hoy
tráeme a las almas de los sacerdotes y religiosos y sumérgelas en mi
insondable Misericordia. Fueron ellas las que me dieron fortaleza para soportar
las amarguras de mi Pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi
Misericordia fluye hacia la Humanidad”.
Misericordiosísimo
Jesús, de quien procede todo bien, multiplica tus gracias sobre las almas
consagradas a tu servicio, para que puedan hacer obras dignas de misericordia; y
que todos los que las vean, glorifiquen al Padre de Misericordia que está en el
Cielo.
Padre
Eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu Viña, las almas de los
sacerdotes y religiosos, dótalas con la fortaleza de tus Bendiciones y por el
amor del Corazón de tu Hijo, al cual están unidas, concédeles el poder de tu
Luz, para que puedan guiar a otros por el camino de la Salvación y con una sola
voz canten alabanzas a tu Misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
(III, 58-59).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
TERCER
DÍA
“Hoy
tráeme a todas las almas devotas y fieles y sumérgelas en el gran océano de
mi Misericordia. Ellas me confortaron a lo largo del Vía Crucis y fueron una
gota de consuelo en medio de un mar de amargura”.
Misericordiosísimo
Jesús, que desde el tesoro de tu Misericordia, distribuyes tus gracias a
raudales entre todos y cada uno de nosotros. Acógenos en el seno de tu muy
compasivo Corazón y no permitas que salgamos nunca de Él. Te imploramos esta
gracia en virtud del más excelso amor; aquel con el que tu Corazón arde por el
Padre Celestial.
Padre
Eterno, vuelve tus ojos misericordiosos hacia las almas fieles, que guardan el
legado de Tu Hijo. Y por los méritos y dolores de su Pasión, concédeles tu
bendición y tenlas siempre bajo tu tutela. Que nunca claudique su amor o
pierdan el tesoro de nuestra santa Fe, sino que, con todo el ejército de Ángeles
y Santos, glorifiquen tu infinita Misericordia, por los siglos de los siglos. Amén.
(III, 59).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
CUARTO
DÍA
“Hoy
tráeme a los que no creen en Mí y a los que todavía no me conocen. Pensaba en
ellos durante las angustias de mi Pasión, y su futuro fervor sirvió de
consuelo a mi Corazón. Sumérgelos en la inmensidad de mi Misericordia”.
Misericordiosísimo
Jesús, Tú que eres la Luz del género humano, recibe en la morada de tu Corazón
lleno de compasión, a las almas de aquellos que todavía no creen en Ti, o que
no te conocen. Que los rayos de tu Gracia las ilumine para que también, unidas
a nosotros, ensalcen tu maravillosa Misericordia; y no las dejes salir de la
morada de tu Corazón desbordante de piedad.
Padre
Eterno, vuelve tu piadosa mirada hacia las almas de aquellos que no creen en tu
Hijo, y hacia las de aquellos que todavía no te conocen, pero que están
presentes en el muy compasivo Corazón de Jesús. Aproxímalas a la luz del
Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles
que también ellas ensalcen la generosidad de tu Misericordia, por los siglos de
los siglos. Amén. (III, 60).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
QUINTO
DÍA
“Hoy
tráeme a las almas de nuestros hermanos separados y sumérgelas en la
inmensidad de mi Misericordia. Ellas durante las angustias de mi Pasión
desgarraron mi Cuerpo y mi Corazón, es decir, mi Iglesia. A medida que se
reincorporan a ella, mis heridas cicatrizan, y de esta forma sirven de bálsamo
a mi Pasión”.
Misericordiosísimo
Jesús, que eres la Bondad misma, no niegues la Luz a aquellos que te buscan.
Recibe en el seno de tu Corazón, desbordante de piedad, a las almas de nuestros
hermanos separados. Encamínalas, con la ayuda de tu Luz, hacia la unidad de la
Iglesia, y no las dejes marchar de la morada de tu muy compasivo Corazón, que
es todo amor; haz que también ellas lleguen a glorificar la generosidad de tu
Misericordia.
Padre
Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa hacia las almas de nuestros hermanos
separados, especialmente hacia las almas de aquellos que han malgastado tus
bendiciones y abusado de tus gracias, manteniéndose obstinadamente en el error.
También ellas están acogidas en el Corazón misericordioso de Jesús; no mires
sus errores sino el Amor de tu Hijo y los dolores que para su provecho sufrió y
aceptó por ellas durante su Pasión y haz que también ellas glorifiquen tu
gran Misericordia por los siglos de los siglos. Amén. (III, 60-61).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
SEXTO
DÍA
“Hoy
tráeme a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños y
sumérgelas en mi Misericordia. Estas almas son las más parecidas a mi Corazón.
Ellas me proporcionaron fortaleza durante mi amarga Agonía, ya que las veía
como ángeles terrenales, velando junto a mis Altares. Derramo sobre ellas un
torrente de gracias porque sólo el alma humilde es capaz de recibir mi Gracia.
Es a las almas humildes a las que concedo mi Confianza”.
Misericordiosísimo
Jesús, que dijiste: “Aprended de Mí,
que soy manso y humilde de Corazón”. Acoge en el seno de tu Corazón
desbordante de piedad, a todas las almas mansas y humildes, y a las de los niños
pequeños. Estas almas son la delicia de las regiones celestiales y las
preferidas del Padre Eterno, que muy particularmente se recrea en ellas. Son
como un ramillete de florecillas que despiden su perfume ante el trono de Dios y
el mismo Dios se embriaga con su fragancia. Ellas encuentran abrigo perenne en
tu Piadosísimo Corazón, Oh, Jesús, y entonan incesantemente himnos de amor y
de gloria.
Padre
Eterno, vuelve tu mirada llena de Misericordia hacia las almas mansas, hacia las
almas humildes y hacia las almas de los niños pequeños acurrucadas en el seno
del Corazón de Jesús rebosante de piedad. Estas almas son las que se asemejan
más a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra hasta alcanzar tu Trono,
Señor y Padre de Misericordia y Bondad suprema. Te suplico, bendigas a toda la
Humanidad, por el amor que te inspiran estas almas y el gozo que te
proporcionan, para lograr que todas las almas entonen a la vez, las alabanzas
que se merece tu Misericordia, por los siglos de los siglos. Amén. (III,
61-62).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
SÉPTIMO
DÍA
“Hoy
tráeme a las almas que espacialmente veneran y glorifican mi Misericordia y sumérgelas
en mi Misericordia. Estas almas compartieron los sufrimientos de mi Pasión y
penetraron en mi espíritu más profundamente que ninguna otra. Son vivo reflejo
de mi compasivo Corazón y brillarán con esplendor especial en la vida futura.
Ninguna de ellas sufrirá el tormento del fuego del infierno, porque las
defenderé con particular empeño a la hora de la muerte”.
Misericordiosísimo
Jesús, cuyo Corazón es el Amor mismo, acoge en el seno de tu Piadosísimo
Corazón a las almas de aquellos que de una manera especial alaban y honran la
grandeza de tu Misericordia. Dótalas con el poder de Dios y en medio de las
dificultades y aflicciones, haz que sigan adelante, confiadas en tu
Misericordia; y unidas a Ti, Oh, Jesús, carguen sobre sus hombros el peso de
toda la Humanidad; y por ello no serán juzgadas con severidad, sino que tu
Misericordia las protegerá especialmente cuando llegue la hora de la muerte.
Padre
Eterno, vuelve tu mirada hacia las almas que alaban y honran tu supremo
atributo, la Misericordia infinita, y que están protegidas dentro del muy
compasivo Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos
están rebosantes de obras de misericordia, y sus corazones, desbordantes de
alegría, entonan cánticos de alabanza a Ti, Altísimo Señor, exaltando tu
Misericordia. Te lo suplico, Señor: Muéstrales tu Misericordia, de acuerdo con
la esperanza y confianza que en Ti depositan. Que se cumpla en ellas la promesa
hecha por Jesús: “A las almas que
veneren mi infinita Misericordia, las protegeré durante toda su vida, como a mi
propia Gloria, y muy especialmente en la hora de la muerte”.(III, 62-63).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
OCTAVO
DÍA
“Hoy
tráeme a las almas que están detenidas en el Purgatorio y sumérgelas en las
profundidades de mi Misericordia. Que mi Sangre, cayendo a chorros, apacigüe
las llamas en que se abrasan. Todas estas almas me son muy queridas. Ellas
cumplen el castigo que se debe a mi Justicia. En tu poder está socorrerlas.
Saca todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas por ellas. ¡Oh!,
si supieras qué tormentos padecen, ofrecerías continuamente por ellas el óbolo
de tus oraciones y así saldarías las deudas que ellas tienen con mi
Justicia”.
Misericordiosísimo
Jesús, que exclamaste: ¡misericordia!, introduzco ahora en el seno de tu Corazón,
desbordante de Misericordia, las almas del Purgatorio, almas que tanto aprecias
pero que, no obstante, han de pagar su culpa. Que el manantial de Sangre y Agua
que brotó de tu Corazón, apague las llamas purificadoras, para que, también
allí, el poder de tu Misericordia sea glorificado.
Padre
Eterno, mira con ojos misericordiosos a estas almas que padecen en el Purgatorio
y que Jesús acoge en su Corazón desbordante de compasión. Te suplico, por la
dolorosa Pasión que sufrió tu Hijo, y por toda la amargura que anegó su
Sacratísima Alma, que te muestres misericordioso con las almas que se hallan
bajo tu mirada justiciera. No las mires de otro modo, sino sólo a través de
las Llagas de Jesús, tu Hijo bien amado; porque creemos firmemente que tu
Bondad y Compasión son infinitas. Amén. (III, 63-64).
ROSARIO
DE LA MISERICORDIA.
NOVENO
DÍA
“Hoy
tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi Misericordia. Estas
almas, son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. Por su tibieza e
indiferencia mi Alma sintió una inmensa repugnancia en el Huerto de los Olivos.
Ellas fueron las que me hicieron gritar: “Padre, si es posible, aparta de Mí
este cáliz”. Para ellas, la última esperanza de salvación será el recurrir
a mi Misericordia”.
Piadosísimo
Jesús, a Ti que eres la Piedad misma, hoy te traigo al seno de tu compasivo
Corazón a las almas enfermas de tibieza.
Que
estas almas heladas, que se parecen a cadáveres y que te llenan de repugnancia,
se calienten con el fuego de tu puro Amor. ¡Oh, Jesús!, todo compasión,
ejerce la omnipotencia de tu Misericordia, y atráelas a Ti, que eres llama de
Amor puro y comunícales el fuego de tu divino Amor, porque Tú todo lo puedes.
Padre
Eterno, mira con ojos misericordiosos a las almas tibias que, a pesar de todo,
Jesús cobija en el seno de su Corazón todo Misericordia. Padre de
Misericordia, te ruego, por los sufrimientos que padeció tu Hijo, y por sus
tres largas horas de Agonía en la Cruz: que ellas también glorifiquen el mar
sin fondo de tu Misericordia. Amén. (III, 64-65).
ROSARIO DE LA MISERICORDIA.
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ALABANZAS A LA DIVINA MISERICORDIA
El Amor de Dios es la
flor; La Misericordia el fruto. Que el alma titubeante lea estas consideraciones
sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza:
Misericordia Divina, que
brotas del seno del Padre, en Ti confío.
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad,
en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento
humano o angélico, en Ti confío.
Misericordia Divina, de donde brotan Vida y
Felicidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, más sublime que los Cielos, en Ti
confío.
Misericordia Divina, manantial de milagros y maravillas, en Ti confío.
Misericordia Divina, que abarcas todo el universo, en
Ti confío.
Misericordia Divina, que bajaste a la tierra en la
Persona del Verbo Encamado, en Ti confío.
Misericordia Divina, que manaste de la herida abierta en el Corazón de Jesús,
en Ti confío.
Misericordia Divina, encerrada en el Corazón por
nosotros, y especialmente por los más pecadores, en Ti
confío.
Misericordia Divina, insondable en la Institución de la
Sagrada Eucaristía, en Ti confío.
Misericordia Divina, que fundaste la Santa
Iglesia, en Ti confío.
Misericordia Divina, presente en el Sacramento del Santo Bautismo, en Ti
confío.
Misericordia Divina, que nos justificas por los méritos de
Jesucristo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas a lo largo de toda
la vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos abrazas, especialmente a la hora de la muerte,
en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos otorgas la vida inmortal, en
Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas en cada momento de
nuestra vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos proteges del fuego del Infierno,
en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien se convierten los pecadores
empedernidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, asombro para los ángeles e incomprensible
para los santos, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos rescatas de toda miseria, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de felicidad y gozo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que de la nada nos trajiste a la existencia, en Ti
confío.
Misericordia Divina, que abarcas todas las obras de tus manos,
en Ti confío.
Misericordia Divina, que presides toda la obra de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, dulce consuelo de los corazones angustiados, en Ti
confío.
Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas,
en Ti confío.
Misericordia Divina, remanso de corazones y paz
ante el temor, en Ti confío.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas, en Ti confío.
Misericordia Divina, que infundes confianza cuando perdemos la
esperanza, en Ti confío.
Dios Eterno, en quien la
misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros
Tu bondadosa mirada y aumenta Tu misericordia en nosotros para que en los
momentos difíciles, no nos desalentemos ni nos desesperemos, sino que, con la
máxima confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es Amor y Misericordia.
Oh incomprensible e
infinita Misericordia Divina, ¿quién podrá adorarte como Te mereces. Eres la
dulce esperanza del pecador. Uníos estrellas, mar y tierra en un sólo himno y
cantad a coro, con vuestra mejor voz, la misericordia Divina, cuya comprensión
no se nos alcanza. (II, 296-297).
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Diálogos de Dios misericordioso
La bondad de Dios
La Misericordia
de Dios oculto en el Santísimo Sacramento; la voz del Señor que nos habla desde
el trono de la misericordia: Venid a Mí todos.
Diálogo de Dios misericordioso con el
alma pecadora
– Jesús:
No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a
ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mí. No huyas,
hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que
quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias.
Oh, cuánto me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y te has grabado
como una profunda herida en Mi Corazón.
– El alma:
Señor, oigo Tu voz que me llama a abandonar el mal camino, pero no tengo ni
valor ni fuerza.
– Jesús:
Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.
– El alma:
Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.
– Jesús:
¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad no Me
impide ser misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido el trono de
la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de
la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no me he rodeado ni
de séquito
ni de guardias, tienes el acceso a Mí en cualquier momento, a cualquier hora del
día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.
– El alma:
Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me
llena de temor.
– Jesús:
Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha
medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, y por ti dejé clavarme en
la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y
abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente
con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu
miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de
disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda
tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.
– El alma:
Con Tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome
con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tú Mismo por
la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido
a mi pobre alma. Siento que Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su
totalidad. Me has perdonado más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuanto
era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito
a mi corazón, lleno de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal
camino como el hijo pródigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en
mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.
– Jesús:
Hija, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha,
niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de
la vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe copiosamente de la fuente de
la vida y no pararás durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y
no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia.
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Diálogo entre
Dios misericordioso y el alma desesperada
– Jesús:
Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está
perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero,
desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge
en las tinieblas aún mayores.
– Jesús
vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso.
En el alma se
despierta la respuesta: Para mí ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas
aún más densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada
sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.
Jesús habla
al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciega, empieza a afirmarse en
la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las
entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma,
Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado
en que ella quiere permanecer por la eternidad. Esta gracia sale del Corazón
misericordioso de Jesús y alcanza el alma con su luz y el alma empieza a
comprender el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende de ella. Ella sabe
que esta gracia es la última para ella y si muestra un solo destello de buena
voluntad aunque sea el más pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.
– [Jesús]:
Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta
gracia.
– Jesús:
Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí. Te veo muy débil,
por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.
– El alma
como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí?
pregunta llena de temor.
– Jesús:
Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia.
Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma
los rayos de la gracia, ellos introducirán luz, calor y vida.
– El alma:
Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible
temor que me empuja a dudar en Tu bondad.
– Jesús:
Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi
Corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi amor y Mi
misericordia no te fías de Mi bondad.
– El alma: Oh
Señor, sálvame Tú mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no
soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón está desgarrado, pero Tú,
Señor...
Jesús no
permite al alma terminar estas palabras, la levanta del suelo, del abismo de la
miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y
todos los pecados desaparecen en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el
ardor del amor.
– Jesús:
He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que
necesites.
– El alma: Oh
Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en
mí y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda
la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu
bondad, Te expresaré todo el dolor de mi corazón.
– Jesús:
Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el
Corazón de tu mejor amigo.
– El alma: Oh
Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguías con Tu gracia
y yo frustraba todos tus esfuerzos; veo que he merecido el fondo mismo del
infierno por haber malgastado Tus gracias.
Jesús
interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres
demasiado débil para hablar; mira más bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe
Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los
demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas se
debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás
en el camino.
– El alma: Ya
ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me
conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no
una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar
dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mí.
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Diálogo de Dios
misericordioso con el alma que sufre
– Jesús:
Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar
Conmigo. Por eso te hablaré sólo Yo, oh alma. Aunque tus sufrimientos fueran
grandísimos, no pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero dime,
niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dímelo todo, dímelo todo, sé
sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo las
curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de tu santificación.
– El alma:
Señor, mis sufrimientos son tan grandes y diversos y duran desde hace tanto
tiempo que el desaliento ya empieza a apoderarse de mí.
– Jesús:
Niña Mía, no puedes desanimarte; sé que confías en Mí sin límites, sé que
conoces Mi bondad y Mi misericordia. Así pues, hablemos, detalladamente de todo
lo que pesa más sobre tu corazón.
– El alma:
Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar
todo esto.
– Jesús:
Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues bien, niña Mía, ¿qué es lo
que te detiene en el camino de la santidad?
– El alma: La
falta de salud me detiene en el camino de la santidad, no puedo cumplir mis
obligaciones, pues, soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos
rigurosos como hacían los santos; además no creen que estoy enferma y al
sufrimiento físico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves,
Jesús, ¿cómo se puede llegar a ser santa en tales condiciones?
– Jesús:
Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al cielo fuera
del Vía Crucis. Yo Mismo fui el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es
el camino más corto y el más seguro.
– El alma:
Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por
ser fiel a Ti me persiguen y me hacen sufrir mucho.
– Jesús:
Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me
persiguió a Mí, esta persecución es la señal de que sigues mis huellas con
fidelidad.
– El alma:
Señor, me desanima también que ni las Superioras ni el confesor entienden mis
sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo
avanzar? Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no
son para mí.
– Jesús:
Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran
sufrimiento el de no ser comprendida y sobre todo por los que amamos y a los
cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo
en todas tus penas y tus miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de
todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden
comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades. Por eso Yo
mismo me he quedado en la tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar
tu alma para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes cubren
tu mente, pues, ¿por qué en tales momentos no vienes a Mí que soy la luz y en un
solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la
santidad que no aprenderás al leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de
enseñar ni iluminar así al alma? Has de saber además que por estas tinieblas de
las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi
alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de
estos sufrimientos debido a Mi especial amor a ti y el alto grado de santidad
que te destino en el cielo. El alma que sufre es la que más cerca está de Mi
Corazón.
– El alma:
Pero una cosa más, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y
especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y además en los
momentos de mayor necesidad?
– Jesús:
Niña Mía, has el propósito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas
cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad y dices: Hágase en mí, oh Dios,
no según lo que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que estas
palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma
a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma
Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo con la fragancia de sus
virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de ti para soportar
los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a
esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge
cualquier cosa que necesites.
– El alma:
Gracias, oh Señor, por tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con
nosotros en este destierro donde vives con nosotros como Dios de la misericordia
y difundes alrededor de Ti el resplandor de Tu compasión y bondad. A la luz de
los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas.
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Diálogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfección
– Jesús:
Me son agradables tus esfuerzos, oh alma que tiendes a la perfección. Pero ¿por
qué tan frecuentemente te veo triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa
esta tristeza y cuál es su causa?
– El alma:
Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros propósitos caigo
continuamente y siempre en los mismos errores. Hago los propósitos por la mañana
y por la noche veo cuánto me he desviado de ellos.
– Jesús:
Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que
cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mí. Pero esto no debe
entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu
miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones.
– El alma:
Sí, lo sé todo, pero me asaltan grandes tentaciones y varias dudas se despiertan
en mí y además todo me irrita y desanima.
– Jesús:
Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento
y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las
virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu
paz interior y la irritabilidad y el desánimo son los frutos de tu amor propio.
No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio.
Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que]
venir
a Mí para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez
que Me lo pides, glorificas Mi misericordia.
– El alma: Yo
reconozco lo que es más perfecto y lo que Te agrada más, pero enfrento grandes
obstáculos para cumplir lo que conozco.
– Jesús:
Niña Mía, la vida en la tierra es una lucha y una gran lucha por Mi reino, pero
no tengas miedo porque no estás sola. Yo te respaldo siempre, así que apóyate en
Mi brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la confianza y recoge de
la fuente de la vida no sólo para ti, sino que piensa también en otras almas y
especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad.
– El alma: Oh
Señor, siento que mi corazón se llena de Tu amor, que los rayos de Tu
misericordia y Tu amor han penetrado mi alma. Heme aquí, Señor, que voy para
responder a Tu llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu gracia;
estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente al Tabor, sino también al
Calvario. Deseo traer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas
las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu misericordia, para que la
casa de nuestro Padre esté llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas
contra mí, entonces me cubriré con Tu misericordia como con un escudo.
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Diálogo entre
Dios misericordioso y el alma perfecta
– El alma:
Señor y Maestro mío, deseo hablar Contigo.
– Jesús:
Habla, porque te escucho en todo momento, niña amada; te espero siempre. ¿De qué
deseas hablar Conmigo?
– El alma:
Señor, primero derramo mi corazón a tus pies como el perfume de agradecimiento
por tantas gracias y beneficios de los cuales me colmas continuamente y los
cuales no lograría enumerar aunque quisiera. Recuerdo solamente que no ha habido
un solo momento en mi vida en que no haya experimentado Tu protección y Tu
bondad.
– Jesús:
Me agrada hablar contigo y tu agradecimiento abre nuevos tesoros de gracias,
pero, niña Mía, hablemos quizás no tan generalmente, sino en detalles de lo que
pesa más sobre tu corazón; hablemos confidencial y sinceramente como dos
corazones que se aman mutuamente.
– El alma: Oh
mi Señor misericordioso, hay secretos en mi corazón de los cuales no sabe ni
sabrá nadie fuera de Ti, porque aunque quisiera decirlos nadie me comprendería.
Tu representante sabe algo, dado que me confieso con él, pero tanto cuanto soy
capaz de revelarle de estos secretos, lo demás queda entre nosotros por la
eternidad, ¡oh Señor mío! Me has cubierto con el manto de Tu misericordia
perdonándome siempre los pecados. Ni una sola vez me has negado Tu perdón, sino
que teniendo compasión de mí, me has colmado siempre de una vida nueva, la vida
de la gracia. Para que no tenga dudas de nada, me has confiado a una cariñosa
protección de Tu Iglesia, esta madre verdadera, tierna que en Tu nombre me
afirma en las verdades de la fe y vigila que no yerre nunca. Y especialmente en
el tribunal de Tu misericordia mi alma experimenta todo un mar de benevolencia.
A los ángeles caídos no les has dado tiempo de hacer penitencia, no les has
prolongado el tiempo de la misericordia. Oh Señor mío, en el camino de mi vida
has puesto a unos sacerdotes santos que me indican una vía segura. Jesús, en mi
vida hay un secreto más, el más profundo, pero también el más querido para mí,
lo eres Tú mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi corazón. Aquí está
todo el secreto de mi santidad. Aquí mi corazón unido al Tuyo se hace uno, aquí
ya no hay ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es Tuyo. He aquí
la omnipotencia y el milagro de Tu misericordia. Aunque se unieran todas las
lenguas humanas y angélicas, no encontrarían palabras suficientes para expresar
este misterio del amor y de Tu misericordia insondable. Cuando considero este
misterio del amor, mi corazón entra en un nuevo éxtasis de amor y Te hablo de
todo, Señor, callando, porque el lenguaje del amor es sin palabras, porque no se
escapa ni un solo latido de mi corazón. Oh Señor, a pesar de que Te has
humillado tanto, Tu grandeza se ha multiplicado en mi alma y por eso en mi alma
se ha despertado un amor todavía más grande hacia Ti, el único objeto de mi
amor, porque la vida del amor y de la unión se manifiesta por fuera como: pureza
perfecta, humildad profunda, dulce mansedumbre, gran fervor por la salvación de
las almas. Oh mi dulcísimo Señor, velas sobre mí en cada momento y me inspiras
sobre cómo debo portarme en un caso dado; cuando mi corazón oscilaba entre una
y otra cosa, Tú Mismo intervenías, más de una vez, en solucionar el asunto. Oh,
cuántas e innumerables veces, con una luz repentina me hiciste conocer lo que Te
agradaba más.
– Oh, qué
numerosos son estos perdones secretos de los cuales no sabe nadie. Muchas veces
has volcado en mi alma fuerza y valor para avanzar. Tú Mismo eliminabas las
dificultades de mi camino interviniendo directamente en la actuación de los
hombres. Oh Jesús, todo lo que Te he dicho es una pálida sombra frente a la
realidad que hay en mi corazón. Oh Jesús mío, cuánto deseo la conversión de los
pecadores. Tú sabes lo que hago por ellos para conquistarlos para Ti. Me duele
enormemente cada ofensa hecha contra Ti. Tú sabes que no escatimo ni fuerzas, ni
salud, ni vida en defensa de Tu reino. Aunque en la tierra mis esfuerzos son
invisibles, pero no tienen menos valor a Tus ojos. Oh Jesús, deseo atraer las
almas a la Fuente de Tu Misericordia para que tomen la vivificante agua de vida
con el recipiente de la confianza. Si el alma desea experimentar una mayor
misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es
sin límites, la misericordia de Dios será para ella también sin límites. Oh
Señor mío, que conoces cada latido de mi corazón, Tú sabes con qué ardor deseo
que todos los corazones latan exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la
grandeza de Tu misericordia.
– Jesús:
Hija mía amadísima, delicia de Mi Corazón, tu conversación Me es más querida y
más agradable que el canto de los ángeles. Todos los tesoros de Mi Corazón están
abiertos para ti. Toma de este Corazón todo lo que necesites para ti y para el
mundo entero. Por tu amor retiro los justos castigos que la humanidad se ha
merecido. Un solo acto de amor puro hacia Mí, Me es más agradable que miles de
himnos de almas imperfectas. Un solo suspiro de amor Me recompensa de tantos
insultos con los cuales Me alimentan los impíos. Tu más pequeña acción, es
decir, un acto de virtud adquiere a Mis ojos un valor inmenso y es por el gran
amor que tienes por Mí. En un alma que vive exclusivamente de Mi amor, Yo reino
como en el cielo. Mi ojo vela sobre ella día y noche y encuentro en ella Mi
complacencia y Mi oído está atento a las súplicas y el murmullo de su corazón y
muchas veces anticipo sus ruegos. Oh niña amada por Mí particularmente, pupila
de Mi ojo, descansa un momento junto a Mi Corazón y saborea aquel amor del cual
te regocijarás durante toda la eternidad.
Pero,
hija, aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con Mi gracia y lucha
por Mi reino en las almas humanas y lucha como una hija real y recuerda que
pronto pasarán los días del destierro y con ellos la oportunidad de adquirir
méritos para el cielo. Espero de ti, hija Mía, un gran número de almas que
glorifiquen Mi misericordia durante toda la eternidad. Hija Mía, para que
respondas dignamente a Mi llamada, recíbeme cada día en la santa Comunión – ella
te dará fuerza...
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Milagros
MILAGRO DE UGO FESTA
Ugo
Festa nació en Vicenza, Italia en 1951. A una edad temprana fue diagnosticado
con esclerosis múltiple. Su salud deterioró gradualmente. Esto condujo a muchos
otros problemas en su joven vida joven. A la edad de 39 años él sufría de
esclerosis múltiple, de distrofia muscular y de epilepsia. Temprano en 1990 su
espina dorsal se torcía y él tenía ataques diariamente. Él había estado bajo
cuidado médico desde que él primero contrajo la enfermedad, pero no podían hacer
nada para él. Él decidía que no había nada que hacer sino rezar.
El 28
de abril el 28 de 1990, Ugo fue con un peregrinaje a Roma. En esta situación
desafortunada conoció a la Madre Teresa que estaba también
en Roma en ese entonces con un grupo que el conoció. Ugo fue invitado junto con
este grupo a un retiro en la capilla de la Divina Misericordia en Trent, pero él
rechazó. Al irse, una integrante del grupo, una monja, le dio
cinco copias de la de imagen Divina Misericordia y de una medalla de la Divina
Misericordia. El día siguiente el 29 de abril 1990 Ugo usó la medalla y llevó
entre sus brazos las imágenes que se bendecirían en las audiencias papales en el
Vaticano. Al comienzo de los escalones de la Basílica de San Pedro, el Santo
Padre pasó
cerca. Después de bendecir los cuadros el papa (Juan Pablo II) le preguntó cómo
estaba. Ugo le dijo que él se sentía muy desanimado y que estaba pasando una
crisis en su vida. El Santo Padre dijo:
"¿Cómo
puede usted tener una crisis con Jesús de la Divina Misericordia en sus brazos?"
Encomiéndese a él y ruegue a mi Hermana Faustina para que interceda.”
Con
este consejo Ugo cambió de parecer, y decidió que él iría a la Capilla de la
Divina Misericordia en Trent. En el altar lateral en el chalet O'Santissima
Villazzano, Trent, hay una capilla a la misericordia divina con un icono de
tamaño normal de la divina imagen. Al cuarto día de oración delante de este
icono Ugo notó repentinamente que los brazos de la imagen se estiraban hacia él
y un enorme calor inundó su cuerpo. De pronto, Él se encontró de pies con sus
brazos extendidos al Señor, y él se oyó que elogiaba en alta voz a Jesús de la
Divina Misericordia. Él vio a Jesús venir hacia él, su ropa blanca que soplaba
como si en una brisa, y él pensó, "Dios mío, éste es el hombre de Galilea que
viene hacia mí". Él oyó a Jesús decir en una voz clara, "Levántate
y Camina”. Él comenzó a caminar. Todas sus dolencias fueron en
ese
momento curadas de inmediato y él estaba más físicamente perfecto que en toda su
vida. El 19 de agosto de 1990, Ugo volvió al Vaticano
y durante una audiencia Papal en el Pasillo Paul VI, fue llevado a una reunión
con Juan Pablo II nuevamente. Él le dijo la gran gracia que él había recibido y
le mostró su agradecimiento por las palabras de inspiración que lo condujeron a
Trent, dando lugar a este gran milagro de la Divina Misericordia. Él dio a Juan
Pablo II una copia de la imagen divina, con las firmas en la parte posterior de
las personas que atestiguaron el milagro ese día.
Hoy Ugo
Festa dedica su vida a Jesús y trabaja voluntariamente con la gente lisiada y
diseminando el mensaje de la Misericordia Divina a través de Italia.
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EL MILAGRO EN LA TUMBA DE SOR FAUSTINA
Antes
de la edad de 15, Maureen Digan gozó de una vida sana normal. Poco después, fue
diagnosticada con una enfermedad terminal lentamente progresiva llamada
Lymphedima. Ésta es una enfermedad que no responde a ningún medicamento y no
entra la remisión. En los siguientes diez años Maureen fue intervenida
quirúrgicamente 59 veces y tenia largas estadías en los hospitales, hasta de un
año a la vez.
Los
amigos y familiares le sugirieron a ella que ella rogara y pusiera su confianza
en Dios. Pero Maureen no podría entender porqué Dios había permitido que ella
contrajera esta enfermedad en el primer lugar, y había perdido su fe totalmente.
Su
condición se deterioraba y fue necesario la eventual amputación de una pierna.
Un día mientras Maureen estaba en el hospital, su esposo Bob fue a ver una
película llamada “Divina Misericordia Sin Escape”, y allí él se convenció de las
energías curativas de la intercesión por Sor Faustina. Bob persuadió a Maureen
y a los doctores que ella debía ir a la tumba del Sor Faustina en Polonia.
Llegaron a Polonia el 23
de marzo de 1981 y Maureen fue a confesarse por primera vez desde que era muy
joven. La
confesión para la primera vez puesto que ella era un firl joven. En la tumba
(ahora la Capilla de la Beata Faustina) Maureen recuerda haber dicho en su
estilo único: "O.K. Faustina vengo de muy lejos, ahora haga algo"...... En su
corazón ella oyó a Sor Faustina decirle: "Si usted pide mi ayuda, yo se la
daré". De pronto, Maureen piensa que tiene un ataque de nervios. Todo el dolor
de su cuerpo se iba, y su pierna hinchada que debía ser amputada pronto, volvió
a su tamaño normal. Cuando ella volvió a los E.E.U.U., cinco doctores
independientes la examinaron y concluyeron que estaba curada. No tenían ninguna
explicación médica para la repentina cura de esta incurable enfermedad. La
evidencia acumulada por este milagro fue designada por la congregación sagrada
para las causas de santos, pasando esta prueba que fue examinada por un equipo
de teólogos, y finalmente por un equipo de cardenales y de obispos. La curación
fue aceptada por todos como milagro causado por la intercesión de Sor Faustina a
la Misericordia Divina. Sr. Faustina fue beatificada el 18 de abril de 1993.
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