
APUNTES DE CATECISMO
Actualizados el
martes 17/JUN/08
Invoquemos al Espíritu Santo:
“Ven
Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado
de María Santísima, tu amadísima Esposa”.
6º SUBIÓ
A LOS CIELOS, ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS PADRE TODOPODEROSO
Después
de su resurrección Jesús subió al Cielo, vive para siempre con el Padre que le
ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Jesús vive también en medio de
nosotros.
“El Señor
Jesús, después de haber hablado con ellos, fue levantado a los Cielos y está
sentado a la diestra de Dios” (Mc 16,19); “al día cuadragésimo de su
resurrección subió a los Cielos con la carne en que resucitó y con el alma” (II
Concilio de Lyon). Ascendió “por su propio poder”, poder que tenía como Dios y
también poder de su alma glorificada sobre su cuerpo glorioso. “El que lo creó
todo, subió por encima de todo y por su propio poder” (San Gregorio Magno,
Papa).
“Estar
sentado” es una manera de decir que ha llegado al reposo que merece como
guerrero vencedor. Es la postura del Rey y del Juez, lleno de poder y majestad.
7º DESDE
ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS
San Pedro
dijo de Cristo: “Este es el que ha sido constituido juez de vivos y muertos”
(Hechos 10,42).
Cristo ha
de venir por segunda vez al mundo, pero no ya como la primera, en Belén, pobre,
humilde e ignorado, sino con poder y majestad. Todos deberán reconocerlo como
Juez ya que vendrá para pronunciar el Juicio postrero.
Al final
de los tiempos, Jesús vendrá y se nos mostrará glorioso, juzgará a todo el mundo
para que se cumpla lo que Dios ha dicho, y establecerá el Reino de Dios para
siempre.
Con su
Segunda Venida todos los enemigos de Cristo quedarán completamente derrotados.
Entonces Cristo hará que reinen junto con Él todos los que hayan sido sus fieles
discípulos. Sin embargo, aún antes del fin de los tiempos, en el momento de
nuestra muerte, cada uno de nosotros será juzgado: “cada cual dará a Dios cuenta
de sí” (Rm 14,12); “a los hombres les está establecido morir una vez y después
de esto el juicio” (Hebreos 9,27). Es lo que se llama “el juicio particular”.
Cuando
morimos Jesús nos juzga para siempre, si amamos a Dios debemos tener confianza
porque Él está en nosotros y nosotros en Él.
Se cuenta
que un día San Luis Gonzaga estaba jugando con unos amigos durante un recreo. Un
sacerdote para ver lo que pesaban, les preguntó qué harían si supiesen que
dentro de pocas horas iban a morir. Uno respondió que se iría a confesar, otro
que se pondría a rezar, etc. El Santo respondió con sencillez: “Yo seguiría
jugando”. No tenía ningún temor ante la muerte porque vivía permanentemente en
gracia de Dios. Para él, como para San Pablo, “la vida es Cristo y la muerte es
una ganancia” (Filipenses 1,21) ya que sabía que “el juicio de Dios es conforme
a verdad” (Rm 2,2). Decía Santa Rita de Casia que la muerte, para el que procura
servir a Dios de corazón, “no es más que un dulce sueño”.
Dios
juzgará nuestros corazones para ver si hemos creído en sus enseñanzas
transmitidas por la Iglesia, si hemos cumplido sus mandamientos, si hemos
recibido los sacramentos, y si hemos rezado como corresponde.
A los
buenos, a los que hayan muerto en gracia de Dios, les dirá: “Venid, benditos de
mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del
mundo” (Mt 25,35) y a los malos, que mueran en pecado mortal sin haberse
arrepentido, les dirá: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado
para el diablo y sus ángeles” (Mt 25,41).
Si
creemos en el amor de Dios y morimos en su amistad, Dios nos hará vivir con Él
en el Cielo. Allí lo veremos cara a cara y seremos felices para siempre.
Los que
no creen en el amor de Dios y no cumplen sus mandamientos, estarán lejos de Dios
y sufrirán para siempre en el Infierno.
En el
Cielo se goza de la vista de Dios, en el Infierno se sufre la ausencia de Dios.
En el primero, las criaturas serán un motivo más de gozo, en el segundo, un
motivo más de tormento; en el Cielo reina una alegría sin fin, en el Infierno
una tristeza sin remedio; una fulgurante felicidad contra una opaca desdicha; un
amor esplendoroso contra un odio ruin.
El fin
del hombre será tal cual haya sido su vida. Por eso es conveniente que pienses a
menudo en lo que pasará al fin de tu vida y así “no pecarás más” (Eclesiástico
7,40).
Jesús
dijo: “Quien hablare contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en este siglo
ni en el venidero” (Mt 12,32) y San Gregorio Magno, Papa, comenta que con ello
“se nos da a entender que algunas culpas se pueden perdonar en este mundo y
algunas también en el futuro”. Es decir que hay un lugar intermedio entre el
Cielo y el Infierno que es el Purgatorio, donde van las almas que aunque no
hayan muerto en estado de pecado mortal tienen, sin embargo, que ser purificadas
de sus culpas. Todas las almas que están en el Purgatorio pueden ser ayudadas
con nuestras oraciones (ver II Macabeos 12,43-46).
La
indulgencia es, justamente, la remisión parcial o total de la pena temporal
debida por los pecados ya perdonados, y que debemos pagar en esta vida por las
buenas obras o en el Purgatorio por un tiempo de pena determinado.
Los que
mueren como amigos de Dios y no se han purificado totalmente de sus pecados en
esta vida, pasarán por el Purgatorio para poder llegar al encuentro definitivo
con Dios.
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repasar los artículos de nuestra Fe Católica y seguramente aprenderá algo nuevo.
En este lugar transcribo unas palabras del
fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del
Catecismo:
"Decía yo en el año 33 en plena república
laica: Al grito de moda oficial de "¡Nada de Catecismo!", que muchas veces se
traduce en "¡Todo contra el Catecismo!", no creo que haya católico ni católica
de veras, y, a fuer de tal, enterado y persuadido de lo que es y vale su
Doctrina, que no oponga con todo su corazón el suyo de "¡Todo por el Catecismo!"
Nuestro deber y nuestra conciencia de
católicos nos dicen que, no solamente hay que suplir el Catecismo que deja de
enseñarse en las escuelas laicas oficiales, sino que hay que inundar a las almas
de chicos y grandes con enseñanzas de Doctrina cristiana.
¿Quién, que quiera un poco, no más, a su
Religión y a su Patria puede impasible ver venir generaciones, irreligiosas, sin
temor ni esperanza, sin fe ni conciencia, sin ley de Dios ni freno de respeto a
la Autoridad de los hombres que de Él viene?
Repito hoy en plena recristianización de
España: hay que dar Catecismo a todos y mientras más mejor y en todas las formas
que la conciencia, el celo y el ingenio dicten porque quedan muchos laicos y
muchos emboscados, y la salvación completa no puede venir sino del Catecismo
bien sabido y practicado."
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